Roberto Velasco: Inspiración
Inspiración
Manuel no podía dormir. Llevaba más de cinco días deambulando por la casa tratando de inspirarse para escribir. Después de haber emborronado varias cuartillas, aventó la pluma Bic color azul extremadamente disgustado.
-No puedo escribir, ando escaso de inspiración.
Se dirigió entonces al supermercado más cercano.
-Disculpe, ¿tiene inspiración?
-Mmm... creo que no tenemos.
-¿Creatividad?, ¿inventiva?
-No señor, disculpe. No estoy familiarizado con esos términos.
-¡Creatividad! El arte de inventar conceptos nuevos.
-¿Nuevos? En el pasillo 13 tenemos gran variedad de nuevos diseños de estructuras.
-¡No! No me refiero a eso compañero. La facultad de producir algo de la nada, de procrear imágenes mentales de calidad.
-¿Calidad? Todos nuestros productos son de la mejor calidad; todos son anunciados por televisión.
-Amigo, se me agota la paciencia.
-Justamente tenemos en descuento un amplio surtido de paciencia en el pasillo 2.
Manuel tomó un carrito echando en él un paquete de Paciencia Forte. Tome dos cápsulas cada ocho horas; decía al reverso.
Un poco más calmado, se dirigió de nuevo al expendedor.
-¿Tendrá algo de ingenio?
-Mmm... no señor; déjeme preguntarle al gerente.
Un hombre de traje, portando orgullosamente un gafete con su nombre, acercose al desesperado cliente.
-¿Le podemos servir en algo, caballero?
-Me encuentro abatido, completamente desolado. No encuentro en este insulso universo alqo que me ayude a escribir. ¿Tendrá algo de inspiración?
-Disculpe usted; hace tiempo que se nos ha terminado. Nuestros provedores han descontinuado el producto.
-¿Qué tiene que me pueda servir para crear algo?, para escribir un soneto que tranquilice mi alma, un cuento que me haga vagar por los senderos de mis emociones.
-Tenemos buena ortografía.
-No, querido interlocutor. Tengo suficiente en casa. Lo que yo busco es una manera didáctica, cuidadosamente estructurada de hacer buen uso de las palabras; -crear conceptos, engendrar matáforas, atmósferas, comparaciones, imágenes constituidas de elementos sorprendentes, fantásticos e increíbles.
-¿Querido qué?
-Olvídelo, no tiene importancia.
-¡Claro que tenemos importancia! Recién ha llegado, traída directamente de París, exquisita importancia diseñada por científicos especializados.
-¿Pero que no siente usted que este mundo moderno le conduce a una vida frenética y vacía, carente de verdadero intercambio humano?
-No señor, sólo aceptamos efectivo.
De pronto, se hizo el silencio. El gerente seguía hablando pero él ya no lo escuchaba nada. Un sabor ácido le recorrió la boca y empezó a sudar mucho. La mano izquierda, donde todavía traía la pluma Bic color azul, le empezó a temblar de una forma inusual.
-¿Se siente bien, caballero?
No respondió.
-¿Señor?
Un impulso totalmente nuevo se apoderó de él. Empuñó fuertemente la mano izquierda y con una rabia descomunal tomó al desconcertado gerente de la cabellera y enterrole la pluma Bic de color azul justo en la yugular.
El espectáculo que presenció a continuación, le llenó de asombro. El individuo recién atacado llevándose las manos al cuello, intentando parar los chisquetazos de sangre que pintaban de vida el blanco suelo, cayendo al suelo contorsionándose. Pataleando desesperado; tratando infructífero de emitir algún sonido para pedir ayuda.
Manuel se quedó estático. No perdía detalle del acto poético que acababa de realizar. Un policía lo tomó de los brazos y lo esposó; quitole la pluma manchada de sangre y de tinta de las manos y se lo llevó cargando.
Esa imagen tan sublime le llenó los ojos de lágrimas, con una sonrisa lloraba inconsolablemente mientras lo subían a la patrulla.
-¿Como se llama?
-Manuel.
-¿Por qué ha hecho eso?
-Por falta de inspiración.
Lo llevaron a una celda y, acurrucado en una esquina, tomó su suéter para usarlo como almohada. Cerró los ojos para ver una vez más aquella escena.
-Zzzzzzzz...
-No puedo escribir, ando escaso de inspiración.
Se dirigió entonces al supermercado más cercano.
-Disculpe, ¿tiene inspiración?
-Mmm... creo que no tenemos.
-¿Creatividad?, ¿inventiva?
-No señor, disculpe. No estoy familiarizado con esos términos.
-¡Creatividad! El arte de inventar conceptos nuevos.
-¿Nuevos? En el pasillo 13 tenemos gran variedad de nuevos diseños de estructuras.
-¡No! No me refiero a eso compañero. La facultad de producir algo de la nada, de procrear imágenes mentales de calidad.
-¿Calidad? Todos nuestros productos son de la mejor calidad; todos son anunciados por televisión.
-Amigo, se me agota la paciencia.
-Justamente tenemos en descuento un amplio surtido de paciencia en el pasillo 2.
Manuel tomó un carrito echando en él un paquete de Paciencia Forte. Tome dos cápsulas cada ocho horas; decía al reverso.
Un poco más calmado, se dirigió de nuevo al expendedor.
-¿Tendrá algo de ingenio?
-Mmm... no señor; déjeme preguntarle al gerente.
Un hombre de traje, portando orgullosamente un gafete con su nombre, acercose al desesperado cliente.
-¿Le podemos servir en algo, caballero?
-Me encuentro abatido, completamente desolado. No encuentro en este insulso universo alqo que me ayude a escribir. ¿Tendrá algo de inspiración?
-Disculpe usted; hace tiempo que se nos ha terminado. Nuestros provedores han descontinuado el producto.
-¿Qué tiene que me pueda servir para crear algo?, para escribir un soneto que tranquilice mi alma, un cuento que me haga vagar por los senderos de mis emociones.
-Tenemos buena ortografía.
-No, querido interlocutor. Tengo suficiente en casa. Lo que yo busco es una manera didáctica, cuidadosamente estructurada de hacer buen uso de las palabras; -crear conceptos, engendrar matáforas, atmósferas, comparaciones, imágenes constituidas de elementos sorprendentes, fantásticos e increíbles.
-¿Querido qué?
-Olvídelo, no tiene importancia.
-¡Claro que tenemos importancia! Recién ha llegado, traída directamente de París, exquisita importancia diseñada por científicos especializados.
-¿Pero que no siente usted que este mundo moderno le conduce a una vida frenética y vacía, carente de verdadero intercambio humano?
-No señor, sólo aceptamos efectivo.
De pronto, se hizo el silencio. El gerente seguía hablando pero él ya no lo escuchaba nada. Un sabor ácido le recorrió la boca y empezó a sudar mucho. La mano izquierda, donde todavía traía la pluma Bic color azul, le empezó a temblar de una forma inusual.
-¿Se siente bien, caballero?
No respondió.
-¿Señor?
Un impulso totalmente nuevo se apoderó de él. Empuñó fuertemente la mano izquierda y con una rabia descomunal tomó al desconcertado gerente de la cabellera y enterrole la pluma Bic de color azul justo en la yugular.
El espectáculo que presenció a continuación, le llenó de asombro. El individuo recién atacado llevándose las manos al cuello, intentando parar los chisquetazos de sangre que pintaban de vida el blanco suelo, cayendo al suelo contorsionándose. Pataleando desesperado; tratando infructífero de emitir algún sonido para pedir ayuda.
Manuel se quedó estático. No perdía detalle del acto poético que acababa de realizar. Un policía lo tomó de los brazos y lo esposó; quitole la pluma manchada de sangre y de tinta de las manos y se lo llevó cargando.
Esa imagen tan sublime le llenó los ojos de lágrimas, con una sonrisa lloraba inconsolablemente mientras lo subían a la patrulla.
-¿Como se llama?
-Manuel.
-¿Por qué ha hecho eso?
-Por falta de inspiración.
Lo llevaron a una celda y, acurrucado en una esquina, tomó su suéter para usarlo como almohada. Cerró los ojos para ver una vez más aquella escena.
-Zzzzzzzz...


