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Nada es igual si tú no estas
Serafín Alarcón
Santiago 2:17
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Cuan grato sería lograr llevar a la practica lo que la palabra de Dios nos exhorta. Lo que en los domingos con candidez escuchamos y cantamos. Mas; ¿Vive Cristo en mi? o está de polizón… Y es que cuando escuchamos una buena exhortación es imposible resistir la siembra que el Espíritu Santo hace en nuestro interior. Cuando ponemos en practica lo que hemos escuchado de parte de Dios la semilla al fin fructifica. Amados, digo esto, porque deseo sugerir con humildad que no visitemos la casa del Señor con la cotidianidad que hacemos cuando visitamos un centro comercial… ¿Me entiendes? Infructuoso el intento, fútil sería sentarnos allí y limitarnos a ser marionetas de una liturgia. Si, que la liturgia viva en mi, que no me acostumbre a calentar asientos y a levantar las manos por levantarlas, si es que logro hacerlo. Es de esperar poner en practica todos sus consejos. Si bien es cierto lo que el apóstol Pablo dijo allá en la carta a los Efesios 2: 8-9; Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
No podemos negar que una fe sin obras es muerta. No hay acto que podamos hacer que sea suficiente, lo se. Pero, como discípulo mas que creyente, vengo obligado a hacer de esta maravillosa experiencia una carta abierta, un vivo testimonio del milagro que Jesús ha hecho en nuestros corazones. Dios le habla a los hombres cuando estos logran encontrar su rostro en otro hermano, también cuando adoramos en espíritu y en verdad. Sin duda no éramos buenos. Y, con todo, él se compadeció de nosotros y nos envió a su Hijo a fin de que muriera; no por los justos, sino por los impíos.
¿Cómo es posible esto? Dice la Escritura en Romanos 5:1-11
1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. 6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. 7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.
Es posible encontrar quizás alguno que se atreva a morir por un hombre de bien; pero por un malhechor, por un pecador, ¿quién querrá entregar su vida? Nada bueno habíamos realizado; todas nuestras acciones eran egoístas. Pero, a pesar de ser malas las obras de la humanidad, la misericordia del Padre se extiende una y otra vez. Y ha sido todo consumado con su victoria en la cruz. Jesucristo nos ha rescatado del enemigo y aún de nosotros mismos pagando un alto precio. Un favor sin duda inmerecido. Es por eso que cuando leo el pasaje de Santiago con el que comencé esta corta reflexión me pregunto; ¿Esta, mi fe, tiene obras? ¿Esta, mi fe, vive o esta muerta? Por tanto, vivamos dignamente, ayudados por la gracia que hemos recibido y no nos hagamos de oídos sordos, nuestra fe sea sin fingimiento. Un maravilloso regalo nos ha sido dado hoy; Salvación. Todos nuestros pecados han sido perdonados, todas nuestras rebeliones han sido por su sangre borradas. Continuemos, pues, las sendas que Cristo nos indica. Imitemos, sobre todo, su humildad y sencillez, aquella por la que él se entrego sin pedir nada a cambio. Sus huellas en la arena me recuerdan que él esta control de todos mis afanes, que él es el descanso que tanto había anhelado. Sus palabras alimentan mi fe, sus consejos cuando estamos en la intimidad me hacen entender que sin su compañía nada es igual.
Nada es igual si tú no estas… nada.
Tablitas del Señor
http://youtube.com/ta1blitas
Serafín Alarcón
Santiago 2:17
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Cuan grato sería lograr llevar a la practica lo que la palabra de Dios nos exhorta. Lo que en los domingos con candidez escuchamos y cantamos. Mas; ¿Vive Cristo en mi? o está de polizón… Y es que cuando escuchamos una buena exhortación es imposible resistir la siembra que el Espíritu Santo hace en nuestro interior. Cuando ponemos en practica lo que hemos escuchado de parte de Dios la semilla al fin fructifica. Amados, digo esto, porque deseo sugerir con humildad que no visitemos la casa del Señor con la cotidianidad que hacemos cuando visitamos un centro comercial… ¿Me entiendes? Infructuoso el intento, fútil sería sentarnos allí y limitarnos a ser marionetas de una liturgia. Si, que la liturgia viva en mi, que no me acostumbre a calentar asientos y a levantar las manos por levantarlas, si es que logro hacerlo. Es de esperar poner en practica todos sus consejos. Si bien es cierto lo que el apóstol Pablo dijo allá en la carta a los Efesios 2: 8-9; Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
No podemos negar que una fe sin obras es muerta. No hay acto que podamos hacer que sea suficiente, lo se. Pero, como discípulo mas que creyente, vengo obligado a hacer de esta maravillosa experiencia una carta abierta, un vivo testimonio del milagro que Jesús ha hecho en nuestros corazones. Dios le habla a los hombres cuando estos logran encontrar su rostro en otro hermano, también cuando adoramos en espíritu y en verdad. Sin duda no éramos buenos. Y, con todo, él se compadeció de nosotros y nos envió a su Hijo a fin de que muriera; no por los justos, sino por los impíos.
¿Cómo es posible esto? Dice la Escritura en Romanos 5:1-11
1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. 6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. 7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.
Es posible encontrar quizás alguno que se atreva a morir por un hombre de bien; pero por un malhechor, por un pecador, ¿quién querrá entregar su vida? Nada bueno habíamos realizado; todas nuestras acciones eran egoístas. Pero, a pesar de ser malas las obras de la humanidad, la misericordia del Padre se extiende una y otra vez. Y ha sido todo consumado con su victoria en la cruz. Jesucristo nos ha rescatado del enemigo y aún de nosotros mismos pagando un alto precio. Un favor sin duda inmerecido. Es por eso que cuando leo el pasaje de Santiago con el que comencé esta corta reflexión me pregunto; ¿Esta, mi fe, tiene obras? ¿Esta, mi fe, vive o esta muerta? Por tanto, vivamos dignamente, ayudados por la gracia que hemos recibido y no nos hagamos de oídos sordos, nuestra fe sea sin fingimiento. Un maravilloso regalo nos ha sido dado hoy; Salvación. Todos nuestros pecados han sido perdonados, todas nuestras rebeliones han sido por su sangre borradas. Continuemos, pues, las sendas que Cristo nos indica. Imitemos, sobre todo, su humildad y sencillez, aquella por la que él se entrego sin pedir nada a cambio. Sus huellas en la arena me recuerdan que él esta control de todos mis afanes, que él es el descanso que tanto había anhelado. Sus palabras alimentan mi fe, sus consejos cuando estamos en la intimidad me hacen entender que sin su compañía nada es igual.
Nada es igual si tú no estas… nada.
Tablitas del Señor
http://youtube.com/ta1blitas
