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Post nr 1
Preciada napisał(a):1 czerwca 2008 o 01:34
Nací en plena guerra, en una familia judía. Mi padre estaba exilado y perseguido tanto por los nazis como por los franquistas y petainistas para ser fusilado, pues había escrito en 1934 un libro contra Hitler. A ese crimen añadía el de haber sido Gran Maestre grado 33 de la masonería. Pero lo peor que le podían reprochar es el de pertenecer a una de esas viejas y aritócráticas familias de la estirpe del rey David y de estar orgulloso de una tradición familiar donde todos somos intelectuales, filósofos, estudiosos y diplomáticos. Demasiados crímenes para un solo hombre. Yo confieso que soy peor que él, y en todos sus "vicios", un espejo muy molesto cuando se odia la dignidad de ser lo que se es y de ser fiel a sus raíces, de amar la humanidad y los libros, todos, y trabajar sobre su progreso y su evolución.
Y, de siempre, los sociópatas (y hay muchos, hasta pueden llegar en periodos de crisis a alcanzar el 20% de la población y gobernar los países que, precisamente tienen raíces culturales y filosóficas profundas y vivas, precisamente para destrozarlas, aniquilarlas) justamente son sociópatas porque están dominados por el narcisismo, la soberbia, la envidia, el talante profanador y la compulsión delatora. Yo escribí uno de mis libros sobre ellos, en poesía satírica, para maniifestarles mi repudia y mi asco (ww.mat21.net), así como para arrancárles la máscara y mostrarlos tal y como son.
Ver una película sobre el Holocausto, sobre los millones de muertos, judios y no judios, simplemente culpables de ser dignos, libres y crecidos, es un permanente asombro, una incomprensión metafísica ante ese horror. Y sí, el pueblo judío tuvo y mantiene miles de grandezas, entre ellas el talante civilizador, pues toda concepción de un Dios único para todos proviene de ellos, la dignidad y el culto del orgullo, única emoción que diferencia al hombre del animal, orgullo definido como la capacidad de ser lo que se es, de crear y de crecer, de amar la Eternidad en cada instante, de ser un espejo y un referente para los valores más entrañables como son la familia, la comunidad solidaria, el estudio, el tesón, la inteligencia de mente y de corazón y la adoración de un Dios vivo e inconcebible. Los judíos, por ello, son un espejo molesto para los sociópatas y sus seguidores. En todo caso, hay una estadística inmutable: todo pueblo que se vuelve antisemita pierde su propia dignidad de ser humano, y se hunde en la destrucción y desolación, en la guerra civil consigo mismo; para muestra, el 100% de los pueblos que, siguiendo el despecho y el desprecio de lo grande, propio del sociópata de turno que eligieron como gobernante, han arrastrado a sus propios cerdos al matadero y a la vergüenza histórica.
Preciada Azancot.