Desde el inicio de este proceso, Dilma denunció a los partidos políticos opositores de estar instrumentando un “golpe de Estado institucional”. De hecho, el actual presidente en funciones, Michel Temer, está denunciado por corrupción al igual que Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados removido recientemente de su cargo por denuncias de corrupción.
En efecto, la mayoría de los parlamentarios que han definido dar curso al proceso de juicio político contra Dilma enfrentan causas por corrupción. Particularmente, se trata de la bancada conocida como BBB: el buey, la biblia y la bala, conformada por miembros de la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores vinculados a los agronegocios, las iglesias evangélicas y la promoción del uso de armas de fuego.
Asimismo, los grandes medios de comunicación junto con algunas ONGs y think tanks han influido decididamente a través de la manipulación de la opinión pública y la generación de acciones mediáticas, facilitadas mediante donaciones de grandes empresas.
El gabinete presentado por Michel Temer es una pequeña muestra. No solamente eliminó el Ministerio de Comunicación, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Mujer, Igualdad Racial y Derechos Humanos, sino que además no cuenta con ministros afrodescendientes ni mujeres.
Mientras en Brasil se suceden numerosas movilizaciones en rechazo al golpe institucional, la crisis política se agudiza.