Las correciones Tarifarias del Gas Natural. por Ricardo Molina.
Consultamos a Ricardo Molina, experto en asuntos energéticos para dilucidar la cuestion en torno a las tarífas de gas.
A diferencia de muchas otras opiniones que cuestionan la habilidad del gobierno para comunicar sus decisiones, creo que en el tema energético existe un convencimiento público que las tarifas estaban fuertemente atrasadas y que ameritaban una considerable corrección.
Lamentablemente, por una mala evaluación técnico-económica por parte del Ministerio de Energía, estas correcciones no fueron hechas adecuadamente.
La razón de los reclamos de los consumidores es el impacto fenomenal de bolsillo que superó todas las expectativas de la gente respecto a la necesaria corrección tarifaria. Estas distorsiones se explican por:
- Los cuadros tarifarios que heredamos de la era K presentan una doble progresividad (consumo y tarifas) que en el contexto de las ridículas tarifas anteriores sus efectos se disimulaban, pero con las correcciones actuales han alcanzado aumentos desproporcionados. La doble progresividad surge de un cuadro tarifario organizado a partir de rangos de consumo crecientes (calculados sobre un año móvil) y tarifas también crecientes. Por lo tanto, los aumentos se potencian por los efectos de ambos factores combinados.
- La tarifa social que intentó aplicar el gobierno ha sufrido muchas dificultades técnico-operativas que complicaron su efectiva aplicación.
- La ausencia de ámbitos previos de análisis y discusión de las tarifas han impedido a los consumidores asumir con anticipación sus efectos. El elevado consumo producto del frío otoño han elevado tanto las facturas que han sorprendido a la mayoría de los usuarios.
En este contexto de malestar se producen los fallos dictados por las distintas instancias judiciales que han actuado hasta ahora y que se han concentrado en las deficiencias legales incurridas por el MINEN. Las normas establecidas en el marco regulatorio del gas, Ley 24.076, y en la ley de emergencia económica, 25.561, exigen la renegociación de los contratos con las licenciatarias de transporte y distribución de gas, contemplando la revisión integral de las tarifas y de los planes de inversión para mejorar la calidad de los servicios. Esos acuerdos debían alcanzarse y hacerse públicos para la consideración de los consumidores en audiencias públicas (no vinculantes).
La pregunta es por qué el MINEN decidió ignorar estas normas dejando abierto el camino para estos reclamos judiciales. Este tema fue una cuestión muy analizada hasta el año anterior por los mejores estudios de abogados del país, y tiene un antecedente interesante: en el 2004 Lavagna intentó lo mismo y la justicia lo frenó. Tal vez, en ambos casos fue el resultado buscado. Estas violaciones normativas son el punto central de los cuestionamientos legales.
Ahora el gobierno presiona para que la Corte Suprema haga caso omiso a las claras disposiciones legales y desoiga a los tribunales de todo el país. Si la Corte se hiciera eco del deseo gubernamental convalidando este desaguisado tarifario, es probable que se ponga en tela de juicio todo el marco regulatorio del gas, dejando la puerta abierta para un estatización de la industria del gas. Si por el contrario, la Corte decidiese no asumir la apelación gubernamental o fallase en contra de los deseos manifestados por el gobierno, surgiría la oportunidad de revisar todo lo actuado por el MINEN y hacerlo nuevamente de forma adecuada, incluyendo cuestiones que hasta ahora no han sido debatidas pero son fundamentales para el futuro energético del país.
En síntesis, las tarifas de gas tienen que ofrecer la oportunidad de recuperar todos los costos económicos y una razonable utilidad para todas las empresas del sector: productores, transportistas y distribuidores. También tienen que transmitir señales que incentiven las cuantiosas inversiones que el país necesita y deberían dejar de impactar en el déficit de las cuentas fiscales. Todo ello es posible hacerse respetando el marco normativo y con un impacto más reducido en la persistente inflación que sufrimos.