Voluntad del pueblo impulsa las conquistas sociales de la Revolución
23 de Enero, Caracas.- El repique del tambor y el cencerro, propios de la rumba salsera, se esparcen por todo el 23 de Enero. La música suena sin descanso en este rincón de Caracas.
Una pareja de adultos avejentados se para a bailar y la maestría de sus pies dibuja un nudo en el piso que sólo puede desatarse a punta de salsa y guaguancó.
Ahí se encuentra, Juvel Alexander Campos Pérez, habitante de este populoso sector, ubicado en el oeste de la ciudad capital. Con la voluntad intacta, este hombre vence las dificultades propias de ser una persona con discapacidad.
“La discapacidad yo la comparo con una situación que tiene que ver con lo emocional, si tú vences esos temores y te asumes como discapacitado, tu no vas a tener ningún límite, la limitación es la mente”, acota con seguridad.
Para Juvel, la música es una herramienta para comunicar. “A través de la música podemos incentivar a muchas personas”, agrega.
Juvel agradece el compromiso con el que el Gobierno Bolivariano ha brindado atención a las personas con discapacidad, quienes en otros tiempos eran considerados como una carga, y por consiguiente, invisibilizados.
“En este Gobierno revolucionario es donde se ha brindado más oportunidades de visibilizar a las personas con discapacidad”, afirma al tiempo que enseña a unos infantes a tocar la conga.
En el 23 de Enero los ritmos del tambor, el piano y el timbal reproducen la sensibilidad del barrio e identifican, en primera instancia, una vida social íntima y ligera que se mueve entre la camaradería y la solidaridad.
Los pases de manos, las vueltas y los movimientos de cadera se hacen un lenguaje corporal que parecen ir dirigidos, casi cronométricamente, por el son que marca el trombón de la canción.
En medio de esa pista de baile, ni el calor avasallante impide que la escena se repita. Una y otra vez, diferentes manos y pies se levantan con ánimo para reproducir con la misma armonía el marcaje del bajo y la percusión en sus cuerpos.
Prensa Presidencial / Karla Cotoret