Yo antes tenía una vida. Lo sé, aunque no lo recuerdo. Antes todo era diferente. En mi tierra, mi hogar. En sueños a veces aún puedo verlos. Mi esposa, mi hijo. Entonces despierto y estoy aquí de nuevo. En este lugar extraño, rodeado de seres extraños. Donde no soy nadie, nada. Invisible para ellos.
Son altos, esbeltos, de miembros alargados. Siempre cubiertos por ropas grises o negras. Caminan deprisa, comen deprisa, hablan de prisa en un idioma que no comprendo. Sus ojos son grandes y oscuros, siniestros. Nunca sé dónde están mirando.
A veces alguno se detiene gira la cabeza, me presiente, pero no me ve. Yo permanezco inmóvil y ellos pasan de largo. Me muevo entre las sombras, me alimento de sus abundantes desechos, me refugio del frío entre los huecos de sus titánicas construcciones de cristal. A veces alguno me percibe, se detiene, duda, y decide ignorarme, seguir con el paso rápido que le permiten sus largas piernas, volviendo a hablar de prisa, en su ininteligible lengua, con algún otro que está lejos. A veces alguno lanza cerca de mi algún objeto.
¿Cuánto llevo viviendo en este mundo extraño? ¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Podré regresar algún día...? No lo sé, no lo recuerdo, no lo creo.
En este mundo el cielo es ceniciento, el viento corre insano cargado de olores agrios, los dos soles son pequeños y blancos, débiles y lejanos. Por todas partes se escucha un penetrante zumbido eléctrico que, creciendo en intensidad, me devora el cerebro. Entonces llega el dolor. Enloquezco. Intento taparme los oídos, mientras me retuerzo. Grito pero no me escuchan. Les llamo pero no me entienden.
A veces alguno cree oír un susurro en el viento, se vuelve, me intuye, dice algo en su rápido idioma. Yo sucumbo al dolor y caigo inconsciente, ojalá muerto. Cuando por fin despierto estoy solo en el suelo.
Un día uno pudo verme. Se sorprendió, pero no sintió miedo. Me habló lentamente. Me tendió sus largos brazos. Otros lo vieron y se acercaron. Miraban con sus grandes ojos vacíos. Movían sus cabezas y murmuraban. El que me veía se aproximaba a mí despacio, mientras hablaba. Yo estaba asustado. Eran muchos cerrando la única salida. Retrocedí. Él se detuvo. Levantó las grisáceas manos vacías despacio. Y de repente surgió el dolor, manando indómito de las profundidades de mi cerebro, estallando contra mi cráneo, tratando de escapar por mis oídos, mis ojos, liberado en un grito desesperado y después un mordisco en el brazo, una enorme mano sobre mis párpados, frío y sueño.
Yo antes tenía una vida. Lo sé, aunque no lo recuerdo. Antes todo era diferente. En mi tierra, mi hogar. En sueños a veces aún puedo verlos. Mi esposa, mi hijo. Entonces despierto y estoy aquí de nuevo. En este lugar blanco y acolchado, rodeado de seres extraños, altos, esbeltos de largos miembros y grandes ojos negros que me observan a través de los cristales del techo.
--------- #relato parte de “Curvas y otras fatalidades” http://pili.la/4ex3F (descarga gratis)