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Aniversario de la bomba atómica en Hiroshima.
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Después de un atentado como el que sembró de cadáveres y heridos las calles de Barcelona se reabre el eterno debate sobre el Islam y su presencia, cada vez mayor y menos controlada, en el continente europeo. Las redes sociales se colapsan de mensajes de apoyo, de eslóganes precocinados por los medios, del discurso progresista y tolerante que, según la corriente de pensamiento predominante en la actualidad, nos convierte en mejores personas dotándonos de cierto halo de mistici...

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La vida no nos prepara para que nos fallen determinadas personas. No se puede prever, no es posible evitarlo y no debemos culparnos por ello.

Si una de esas personas utiliza el término <<siempre>>, tú entiendes <<perpetuamente o por tiempo sin fin>>.

Cuando dicen <<imprescindible>>, tú entiendes que eres <<necesario o insustituible>>.

...

Si se refieren a <<la vida>>, tú entiendes que lo hacen a toda ella.

Malversamos palabras ajenas y pronunciamos discursos con expresiones cuyo significado desconocemos. Traicionamos el contenido de verbos cuya acción jamás hemos ejercitado y, de haberlo hecho, errando su alcance.

Y al final, nada importa, porque como dice un gran amigo mío: aunque todo el mundo miente, da igual, porque nadie escucha.

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Sergio Rojas

Ojalá jamás hubiera tenido que escribir esto.

Y es que si una despedida es de por sí un mal trago, más lo es aún cuando su único objetivo es cortar la hemorragi...a de un corazón rajado cuyo frenético latir salpica de lamentos el alma hecho pedazos que llora a sus pies. Cuando empecé este juego me embarqué en una nave destinada a encallarse en el olvido. Construí un barco y navegué contra las afiladas rocas de la utopía. Pero tan robusto era el casco y tan potentes los sentimientos que albergaba en su interior, que por más que lo intenté jamás se hundió. Reparaba las fracturas de cada envestida cubriendo de ingenuidad las grietas que amenazaban naufragio y pintaba con mentiras las marcas de colisión. Y así, con una nave cada vez más frágil, el dolor de cada nuevo impacto superaba la intensidad del anterior.

Ojalá jamás hubiera tenido que mentir.

Y es que si la mentira es de por sí una mala elección, más lo es aún cuando su único objetivo es ocultar otra mentira mayor. Si hubiera podido reflejarme en tus ojos, si hubiera sido capaz de decirte que mi vida entera pasaba por tus labios... Que no me caes bien, que la verdad sobre nosotros es la gran mentira que nos une, que mis pulmones sólo pueden respirar tu aire, que a tu lado todo cuanto tengo no valdría nada... Si hubiera podido estrellarme en tus curvas y trepar por tu pecho para colgarme de tu mirada tal vez hoy no me estaría ahogando en mis propios embustes. Si la realidad no hubiera decidido separarnos cuando disfrutábamos de los momentos más surrealistas, si fuésemos libres y sólo importase aquello que realmente importa. Si tuviéramos la última palabra...

Ojalá jamás hubiera tenido que llorar.

Viendo tus fotografías, dibujando los vértices de tu cuerpo en sueños reciclados, escuchando nuestra historia en dolorosas canciones de letras rotas. Si hubiera podido despedirme con un beso... Si hubiera conocido mejor perfume que el olor de tu piel, si hubiera sabido engañarte, si hubiera tenido el valor de saltar al abismo de tus brazos... Tal vez así una lágrima habría bastado.

Ojalá jamás hubiera tenido que amarte.

Y es que si amar es de por sí una inversión arriesgada por tu amor habría hipotecado las manos que escriben estas heridas. Y aunque pronto alguien ocupará mi espacio en tu vida enterrando mis errores y mejorando mis virtudes, espero que las lágrimas no borren la huella de mi intromisión en tu mundo. Espero, sin mucha esperanza, que no llegue el día en que recuerde por qué jamás debí olvidarte.

Ojalá jamás hubiera tenido que decirte adiós.u

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Amando A lo largo de mi vida he amado en muy pocas ocasiones. Recuerdo cada una de ellas con meridiana claridad. Las llevo grabadas a fuego en el corazón, como heridas de guerra que aún hoy continúan sangrando. Pequeñas gotas que, cada cierto tiempo, forman un gran charco bajo tus pies que debes fre…
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El día de San Valentín

Valentine's day
Translated
Sergio Rojas

ATENCIÓN: TOCHO.

Como cada año, de mis opiniones y comentarios al respecto del día de San Valentín parece desprenderse cierta desazón y un leve tufillo a resent...imiento. Un soltero que envidia el amor ajeno y trata de ridiculizarlo o menospreciarlo. Por supuesto, y como podréis comprobar si seguís leyendo –yo no lo haría, menudo coñazo- soy absolutamente partidario del amor y sus múltiples formas de manifestación tanto pública como privada. Simplemente, en mi humilde opinión, el día de ayer frivoliza un sentimiento tan increíblemente potente que hasta un psicópata reformado como yo es capaz de advertir y padecer.

Y digo padecer porque al margen de los cientos de miles de relaciones que he tenido –vale, igual he exagerado un poco- tan sólo he amado en tres de ellas y jamás, recalco, jamás, he sido correspondido.

Pero ojo, hablo de amor de verdad. De ese que te consume y te hiela por dentro, del que parece atar tu corazón con una soga, del que notas como un cuerpo extraño en el interior de tu pecho, del que te hace llorar a escondidas y te obliga a permanecer activo para calmar la ansiedad. De ese que te engancha como una droga, que te aferra al teléfono y perturba tu sueño. Ese amor cabrón que enaltece la felicidad ajena y ningunea la tuya convirtiéndola en algo somero y banal. El que es capaz de hacerte pensar que sólo vales con él y sin él no vales nada. De ese que te traiciona y convierte en ceniza tus principios más básicos para poder arrastrarlos y dejarte desnudo. El mismo amor que te embauca y seduce cuando estás junto a la persona que amas y te hace perder la prudencia de una visión realista del mundo. El que le convierte a él en estatua de mármol y a ti en gamuza. El único capaz de cegar a todo el mundo a tu alrededor menos a ti… Un amor mentiroso que te escupe los embustes lentamente para darte tiempo a aceptarlos como auténticos. Ese amor que te lastra, que te asfixia, que te quema y te empuja al abismo envuelto en llamas con la esperanza de que alguien allí abajo sea capaz de sofocar el fuego. De ese amor que, aunque llegue en avión, se marcha siempre gateando. El tipo de amor que te hace hablar por hablar, reír por reír y llorar de pena.

Claro que dicho así puede resultar una visión un tanto catastrofista del amor. Tal vez si en alguna de esas ocasiones Cupido hubiera lanzado dos flechas en vez de una hoy podría contaros qué se siente cuando es otra persona y no el tiempo quien deshace ese gigantesco nudo que acabo de narrar. Por suerte o por desgracia, hasta el momento, no ha sido así.

Mentiría si dijera que no he querido –considerémoslo grado inmediatamente inferior al amor- y he sido correspondido. Pero lo haría también si negara el resultado negativo de esas experiencias. Suelo decir que en términos económicos una relación es una operación de riesgo cuyo balance final suele ser –salvo que mueras junto a la persona amada- negativo: es irrelevante cuantos beneficios arrojó mientras duró pues cuando se termina las pérdidas superan siempre las ganancias. Y es que las acciones de una relación siempre cotizan al alza cuando acaban de salir a bolsa pero quebrada la empresa pierden su valor a ritmo de crack del 29. El golpe que recibes cuando el mundo que has construido alrededor de una persona se desmorona es tan devastador que sus propios escombros sepultan la felicidad del pasado. <<Que nos quiten lo bailao>>, dirán algunos. Y en abstracto tienen razón pero, ¿en concreto es tan fácil?

Amar es algo muy serio. Sin entrar a valorar los numerosos estudios científicos –a mi juicio coherentes y bien encaminados- que sugieren que se trata de una reacción química que tiene lugar en el cerebro, no hay duda de que llegar a enamorarse es enormemente complicado –puede que más si cabe- aunque se trate de algo racional.

¿Cuántos factores deben confluir en un mismo momento y un mismo lugar? Y lo que es más importante: en una misma persona. Porque si ya resulta difícil –tres veces en casi treinta años- enamorarse de alguien, ¿qué probabilidad hay de que ese amor sea correspondido? ¿Qué fortuna has de tener para que aquella persona con la que comenzaste a salir sin apenas conocerla o incluso ese amigo tan simpático y amable que conoces desde hace años sean quienes en un futuro provoquen las sensaciones que he descrito antes y, además, de manera recíproca? ¿Qué llega antes, la persona o el amor? ¿Es posible provocar el amor?

Tengo la sensación –quizá me equivoque- de que mucha gente se ama sin sentido. Necesitan amarse y como quien verbalmente suscribe un contrato ellos consienten en simular un amor que no es verdadero. Tal vez se quieran, sí, pero no se aman. No es tan fácil. Claro que después vienen las rupturas pues los amantes de hielo duran lo que dura el frío que les unió. Ese frío que uno puede sentir en el corazón cuando la parte que corresponde al ser amado se encuentra huérfana. Deciden invertir sus ahorros en un abrigo para darse calor mutuamente hasta que un día el frío cesa y la ropa de invierno aprieta demasiado. La bolsa se desploma y descubren que invirtieron en un activo tóxico. Aquí no hay nadie a quien puedas reclamar.

Aquellas parejas que viven enamoradas son muy afortunadas. Yo conozco más de una. El amor entre dos personas es fácil de detectar si sabes dónde buscarlo: en sus miradas, sus gestos e incluso en sus silencios y discusiones. Igual de sencillo es, a sensu contrario, detectar ese amor falaz fruto de necesidades más relacionadas con el ámbito social que sentimental.

Por tanto y resumiendo, que no os engañe mi actitud crítica y mi acidez a la hora de expresarme. Soy un defensor y garante del amor verdadero, un caballero de la orden del oso amoroso y gusiluz de los abrazos desbordantes de cariño. Sí, a mí también me ha dado arcadas esta última frase.

Así que como creo que dijo un tal Juan –que no Jesús- en aquellos tiempos en que comenzó la moda de contestar a un estornudo, haced caso a ese mandamiento que dice <<que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. >> Sí, yo también creo que se lió un poco. Serían los nervios.

Y si no, pues quereos, que también es bonito.

Sirva semejante ensayo para subir la moral de aquellas personas que como yo aún no han encontrado a su media naranja: creedme, es normal y no hay de qué preocuparse.

Y es que como dijo un escritor francés: <<El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de él pero pocos lo han visto>>.

Feliz día de San Valentín.

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La fórmula de la felicidad Lo que voy a contar puede pareceros una locura. Tal vez lo sea. Pero no es más que el fruto de mi experiencia personal y las conclusiones que he podido extraer de estos casi treinta años que llevo danzando por aquí. Siempre he dicho que a lo largo de mi vida he perdido ami…
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Sergio Rojas

A lo largo de estos años he leído y escuchado - y a menudo pronunciado - innumerables ensayos filosóficos sobre multitud de cuestiones relacionadas con la conce...pción social de determinados valores o rasgos intrínsecos al Ser Humano. Llegué incluso a aceptar algunas de estas reflexiones como válidas en un intento de comprender a mi interlocutor y alcanzar el punto de equilibrio que se espera en cualquier debate o intercambio de ideas.

Pero en ocasiones, conciliar las ideas que emanan de individuos diferentes, es una tarea imposible.

Hay quien entiende la amistad como un acto de fe donde la mera creencia de su existencia es dogma central e inamovible. No es necesario el contacto, la conversación o el trato. La amistad se configura como una situación teórica que no precisa de ningún hecho fáctico que la respalde: somos amigos porque así lo hemos decidido, porque creemos en ello. Se excluye cualquier tipo de requisito real: confianza, cercanía, complicidad, asiduidad en el trato, compromiso. La definición de la amistad para esta corriente doctrinal no se extiende más allá de las siete letras que la conforman: es una mera grafía en términos absolutos.

A pesar de ser, bajo mi humilde y siempre acertado punto de vista, una concepción errónea e insostenible de la amistad, es más habitual de lo que podamos creer. No se trata sin embargo de una situación nociva. En términos jurídicos podríamos equipararlo a un contrato simulado en el que dos individuos consienten en mostrarse externamente como amigos cuando en realidad su intención no va más allá de la mera apariencia. No hace daño a nadie, ni siquiera a ellos mismos, pues se trata de una farsa que por regla general no produce efecto alguno ni acarrea consecuencias de ningún tipo.

El peligro real de esta ficción se configura cuando sólo una de las partes simula su participación en el contrato. Esto es, un individuo lleva a cabo todas las acciones que se presumen necesarias para hacer efectiva la amistad mientras que otro tan sólo aquellas en las que tiene interés y que, por lo general, aún siendo ajenas a la amistad en sí misma, precisan de la simulación de ésta para alcanzar la plena eficacia. Si a través de A puedo realizar la acción X, seré amigo de A cuando la finalidad sea alcanzar X. El resto del tiempo, seguiré simulando.

Aquellos que seáis felices viviendo una simulación como la que acabo de describir sois muy afortunados. A aquellos que pretendáis evitarla sólo puedo daros un consejo:

No contéis con quien no cuenta con vosotros. La amistad NO es un contrato.

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Comparte si quieres que le paguemos los estudios a este chaval entre todos. Puede que lo agradezcamos en el futuro.

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Persiguiendo estrellasCuando alzó la mirada pudo ver una estrella fugaz estrellarse contra el suelo al otro lado del valle. Corrió sin descanso entre la espesa arboleda para hacerse con ella. Pero, en ascuas, desprendía un calor tal que apenas pudo acercarse. Comenzó a llorar sin consuelo, hecha un…
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Creo que la vida es, en cierto modo, como la guerra. Una continua lucha en la que cada uno de debe librar sus propias batallas con las armas de las que dispone. Por supuesto nada tiene de malo que nos unamos para combatir unidos cuando la naturaleza del bien que queremos defender así lo merece.

Sin embargo, por suerte para unos y desgracia para otros, no todos disponemos de las mismas armas. No todos aceptamos las reglas de la guerra, no todos creemos en la proporcionalidad ...de la respuesta militar y no todos tenemos los mismos principios.

Cuando alguien hiere debe asumir la plena responsabilidad de sus actos y estar preparado para soportar las consecuencias que de ellos puedan derivarse. Consecuencias que no necesariamente serán proporcionadas y que dependerán de la forma de entender las confrontaciones de aquél individuo contra quien han dirigido el ataque.

Hoy cierro una etapa complicada y sinuosa, como tantas otras. Ha sido difícil salir de la ciénaga pero hemos salido, así que ahora a pasar página (una vez más).

Perdón a todos aquellos a los que he tenido descuidados y gracias a aquellos a los que habéis colaborado aún con vuestra mera presencia. Por fin me siento liberado.

No voy a caer en mi mejor momento, qué va.

He vuelto y lo mejor de volver es saber que aún estáis todos ahí, en el lugar exacto en que os dejé.

El espectáculo debe continuar... ¡Un saludo!

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¡Gracias Pablo Bravo por este pedazo de vídeo!

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Pablo Bravo Mediavilla posted a video from February 17, 2014 to his timeline — with Sergio Rojas.

In the middel of snow!

Despertar esperando palabras que nunca lees, ansiando gestos que nunca llegan, creyendo en cosas en las que nadie cree.

Dormirse de nuevo.

¡Muy buenas! Estoy preparando una nueva etapa en mi página web después de haber tenido lugar un desagradable incidente relacionado con la seguridad. Pronto estaré de nuevo con vosotros para que podamos tirarnos trastos a la cabeza.

Gracias a Pablo Bravo y a Miguel Zafra por sus aportaciones a este nuevo trayecto.

Un saludo para todos.

El problema no es que un obispo opine sobre la ley del aborto, lo grave es que su opinión tenga trascendencia mediática.

Juan Carlos I: El asesino de su hermano.

Hay cosas de las que en España casi no se habla. Y una de ellas es la temprana muerte de un hermano del rey Juan Carlos, casi desconocido para el común de la...
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Sergio Rojas

No me termina de quedar claro hasta qué punto lo de Burgos ha sido una victoria. Y lo digo desde la más profunda admiración por los vecinos del barrio de Gamona...l y en general de todos los de esa preciosa ciudad que un día fue mi hogar.

Si algo nos han enseñado los innumerables casos de corrupción que hemos vivido y vivimos diariamente en nuestro país, es que al final lo único que temen los que nos manejan - que no nos gobiernan - es perder su posición: dinero o poder. No temen perder la vida, de momento.

Lo que está claro es que el alcalde de Burgos no ha paralizado las obras por el clamor popular. Se la sudan los altercados, podría haber pedido al Ministerio de Interior que le enviara un puñado de antidisturbios y despejar el bulevar en media hora.

Pero, ¿va a arriesgar su posición o la posibilidad de realizar otros negocios futuros por obcecarse ahora? Pues no, ¿que hay jaleo? Pues calma, lo paramos y si es preciso damos marcha atrás. ¿Que eso tendrá un coste? Qué más da, si paga el tonto de siempre: el ciudadano.

La victoria puede que sea parcial, pero no es completa, porque ese impresentable - como todos los que nos manejan - sigue viviendo como un rey a nuestra costa. "Que piensen que han ganado", estará diciendo ahora el alcalde desde su sillón.

Mientras no haya pan para el pobre no debería haber paz para el rico.

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